Hola,
«Bien, te voy a contar lo que pasa. Hace seis meses otro cohete vino a Marte. Traía a un hombre llamado York y a su ayudante. No sabemos qué les pasó. Quizá se destrozaron al descender. Vinieron en un cohete, como nosotros. Tienes que haberlo visto. ¡Un gran cohete! Por lo tanto nosotros somos la Segunda Expedición. Y venimos directamente de la Tierra...»
No recuerdo quién (pero me inclino a pensar que se trata de Aquel que Sueña con Marte), me dijo que probablemente me encantarían las Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Y aunque es verdad que, desde el punto de vista cronológico (y también desde el científico) se han quedado desfasadas, no han perdido en absoluto su encanto.
Se trata de un conjunto de pequeñas historias escritas en torno a 1.945, con un trasfondo común (el planeta Marte), que narran cómo, a finales del siglo XX, la Humanidad decide llevar a cabo la colonización de Marte, pues la vida en la Tierra está condenada: guerras, escasez de recursos, y sobre todo la amenaza de un holocausto nuclear. Sin embargo, Marte no es un planeta muerto y deshabitado como los terrícolas esperan; hay vida orgánica, e inteligente, en Marte. Y los marcianos, que son entes telequinéticos con una riquísima y antiquísima cultura, no pueden dejar de percibir el acercamiento de los colonos humanos. Y aunque algunos estarán contentos de conocer a otras formas de vida del Universo, otros no lo estarán tanto, pues temen que de un mundo tan violento como es la Tierra no pueda venir nada bueno...
A través de cada pequeña historia, que narra un momento diferente en el proceso de colonización (al principio de mes a mes, con lapsos cada vez mayores, hasta que finalmente cada historia se lleva algunos años respecto de la anterior), Ray Bradbury nos contará las peculiaridades de los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial en el contexto marciano. Y la verdad es que no se puede decir que Bradbury tuviera muchas esperanzas en la bondad del ser humano: se centra en las guerras (guerras ficticias que imaginó para la segunda mitad del siglo XX, pero que no se alejan demasiado de la triste realidad), en el racismo (no sólo de los humanos hacia los marcianos y viceversa, sino de los blancos hacia los negros... como en el precioso cuento titulado Un camino a través del aire), en la poca importancia y el escaso valor que se da a la vida en nuestra sociedad (siempre que sea la vida ajena, claro). Pero también se habla de la capacidad del ser humano de amar, y de sacrificarse y arriesgarlo todo por aquellos a quienes ama.
Realmente no sé muy bien qué más contar, porque estas historias no sólo cuentan, sino que te hacen sentir; y lo mejor que se puede hacer es leerlas para poder sentirlas. Lo mejor de todo: esa sensación nostálgica, un poco triste, un poco esperanzadora, que se te queda después de leer Crónicas marcianas. Y algo que todos sabemos y que siempre se nos olvida: debemos cuidar de nuestro mundo y compartirlo entre todos. Aunque sólo sea porque no tenemos otro.
Besos







Leralion
26 nov 2007 | 10:46 PM
Tú misma lo comentas, me he planteado varias veces escribir una reseña sobre el libro pero no he podido. Hay que leer las Crónicas para saber de qué se está hablando. Creo que el verdadero encanto de estos relatos reside en su brutalidad y, sobre todo, su belleza. Cuando las lees te entra la sensación de no comprender plenamente su significado y, sin embargo, estar cautivado por una melancolía irremediablemente adictiva y la curiosidad que te induce un tratamiento completamente original. En cierta clasificación de obras del género se las etiquetaba de ciencia ficción poética.
Rosita Fraguel
27 nov 2007 | 08:18 AM
La verdad es que es un libro de ciencia ficción muy especial. Junto con "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" es el libro que más me ha impactado.
En su momento, como tampoco me sentía muy capaz de hacer una reseña me metí en un berenjenal aún peor: escribí mi propia crónica marciana. Dejo el enlace por aquí por si alguien quiere leerlo :)